“Al paso que va la vacunación en Colombia, la inmunidad de rebaño se logrará en cinco años”

“Al paso que va la vacunación en Colombia, la inmunidad de rebaño se logrará en cinco años”
SANTIAGO TRIANA SÁNCHEZ | Bogotá

El epidemiólogo Luis Jorge Hernández critica la lentitud del proceso en el país y sugiere aplicar toques de queda focalizados ante la tercera ola de la pandemia

Al ser aplicada la dosis un millón en Colombia, el pasado 17 de marzo, el presidente del país, Ivan Duque, dijo en tono vehemente desde Barranquilla: “Para aquellos que decían que la vacunación masiva llegaría en 2023, ahí tienen su respuesta. Aquí hay un millón de inmunizados y vamos por más”. Sin embargo, el epidemiólogo Luis Jorge Herández, profesor de la Universidad de los Andes, considera que el proceso ha avanzado muy lentamente: “Se están colocando un promedio de 47 mil a 60 mil diarias. Deberían aplicarse entre 100 mil y 200 mil”, apunta, en entrevista telefónica. Hasta el 9 de abril, y tras 51 días de inyecciones contra el coronavirus, solo en 11 jornadas se ha superado la barrera de las 100 mil dosis aplicadas. Además, el médico cuestiona la efectividad de aplicar nuevos confinamientos totales, como los que se han establecido este fin de semana en Bogotá, Medellín y Barranquilla, y sugiere llevar a cabo toques de queda por zonas ante el aumento de los contagios y la llegada de la tercera ola de la pandemia. 

De acuerdo con el Plan Nacional de Vacunación del Gobierno, la meta es inocular a 35 de los más de 48 millones de colombianos para final de año. Hernández, que también es miembro de la Sociedad Internacional de Epidemiología Ambiental (ISEE, por sus siglas en inglés), ve difícil que se vaya a alcanzar el objetivo: “Al paso que va la vacunación, la inmunidad de rebaño se logrará en cuatro o cinco años”. Hasta este 9 de abril, el país ha recibido 3.743.980 dosis, según cifras de Saludata, pero sólo ha aplicado 2.946.222.

¿Qué hace que el proceso avance con lentitud? El académico identifica varios errores que se han convertido en una bola de nieve. El primero, afirma, es que el país comenzó a negociar y a comprar las vacunas muy tarde. Fue hasta mediados de diciembre pasado cuando el Gobierno informó de los acuerdos con las farmacéuticas Astrazeneca y Pfizer, a menos de dos meses de aplicar la primera dosis. En comparación, Chile, otra nación de la región y referente mundial por su celeridad en la inmunización, empezó a inocular a su personal médico por esas mismas fechas; pactaron sus adquisiciones desde mediados de 2020. Colombia registra 2 millones y medio de casos de contagios y más de 65 mil fallecidos a causa del coronavirus, según datos de la universidad estadounidense Johns Hopkins.   

Hernández encuentra otros fallos en el proceso: no hay continuidad ni certeza sobre la llegada de las vacunas a Colombia, que está a la espera de lo que pase en el ámbito internacional. Además, cree que el procedimiento está demasiado centralizado, en parte, por las barreras burocráticas. Y explica: “Todavía hay lotes de dosis que no han sido suministrados por diferentes razones. Hemos usado una lógica de administrar escasez. Chile está inmunizando a mayores de 65 años. Aquí, de 80”, menciona el doctor en Salud Pública. 

Apostar por los toques de queda focalizados

Ante el aumento de los casos y la llegada de la tercera ola de la pandemia, el rumor de nuevos confinamientos se ha vuelto a escuchar últimamente en Colombia. Bogotá, Medellín y Barranquilla establecieron el 11 de abril un primer fin de semana de reclusión estricta. Hernández opina que encerrar a la población no es una solución en la coyuntura actual. Describe que la cuarentena de marzo de 2020 tenía como objetivo aplanar la curva de contagios y dar tiempo al sistema de salud para tener la capacidad de enfrentar al covid-19. Repetirlo, asevera, sería un error. 

“Los confinamientos no son buenos porque facilitan la transmisión del virus, afectan a la salud mental y dañan la salud física”, detalla. En cambio, agrega que lo que se debe hacer para frenar los contagios es aplicar cordones sanitarios focalizados, no de forma masiva. “Lo que más sirve son algunos toques de queda por zonas para evitar aglomeraciones e identificar los sitios de encuentro de los jóvenes. En salud pública no se pueden hacer acciones de montonera, que es encerrar a cinco o seis millones de personas”, zanja. 

Las fallas del modelo de salud de Colombia es otro tema que analiza Hernández, quien asegura que el Estado no se enfoca en atender a la gente cuando está sana, sino cuando ya está enferma. “La pandemia lo que está mostrando son las inequidades y las deficiencias de nuestro sistema. No tenemos un modelo de atención primaria”, relata. Y añade un dato: el 63% de las fallecidos por coronavirus se han registrado en los estratos 1 y 2, los niveles más bajos de la división socioeconómica del país, según cifras del último informe del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane).

Además, el epidemiólogo se pregunta por qué han sido afectadas más las personas ancianas: “No es por la edad, porque un adulto mayor no es un enfermo”. Se debe a que no están monitoreadas, sostiene. Y alerta sobre el hecho de que, durante la crisis sanitaria, los pacientes que padecían patologías distintas al virus dejaron de ir a citas con el médico o a hospitales por miedo a un eventual contagio. “Todo lo que se dejó de atender en las primeras cuarentenas, porque la gente estuvo guardada y no fue a consulta, está reapareciendo ahora. No hay una cultura de tener a los individuos sanos”.

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